Escribo desde la playa, desde el bordecito del mar, bueno, quizá un poco más arriba de donde rompen las olas, no vaya a ser que me moje y me hiele de frío en el país de las nubes.
Este sonido es acogedor, tanto que me da igual estar a miles de kilómetros porque las olas se acercan como si quisiesen decirme algo. Que los procesos acaban, que todo termina dejando una espumita blanca en la orilla y la arena blandita. Que todo se remueve o te remueve.
Que inmenso es el mar y que paz me transmite cuando no estoy dentro.
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Está subiendo la marea y el tiempo pasa, pero el sonido de las olas me atrapa en una paz indescriptible. Están llenas de vida y de reflejos en la superficie.
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